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MONS. GRULLÓN, ESCUELA DE SABIDURÍA



Por P. Wilkin Castillo

ESCUELA DE SABIDURIA

Hago uso de este título para referirme a un ser humano extraordinario y valioso, escuela de sabiduría, hace alusión a Mons. José Grullón, un hombre de Dios, que llegó a esta Diócesis de San Juan en el año 1991, con la sencillez que caracteriza a un hombre de Dios, con su mente llena de ilusiones, buenos deseos, planes, proyectos espirituales y sociales.

Nunca ambicionó nada y si algo deseó, fue siempre hacer el bien y estar disponible para los demás. Con sus acciones ha demostrado que: “Es posible dejar el mundo mejor de como lo hemos encontrado.” Sin apego a nada y si tuvo alguno, fue estar al lado de Dios. Con la clara convicción de que la Iglesia es de Dios, pero ha trabajado en ella como si fuera suya. 

Nunca ha buscado reconocimiento alguno, pues sin buscarlo han llegado, jamás mendigó aplausos y por el contrario acuñó muy bien la frase de San Juan Bautista refiriéndose a Jesús:  “Que tú crezca Señor, y que yo disminuya.” Hoy dejas de estar al frente de la Diócesis de San Juan como obispo titular, pero nunca como ahora te quedas con nosotros, en cada proyecto realizado e impulsado. 

Con su lapidaria frase: “Si queremos podemos” y con la certeza personal de que: “No hay cosas imposibles, sino hombres y mujeres incapaces.”

En su caminar pastoral, descubrió que, la obra es de Dios y él se ha descubierto instrumento, llamado y amado. Sin tiempo para él, pero todo su tiempo para los demás. Renunció acomodarse, pero es experto en acomodar a otros. Nunca rehuyó a un trabajo ni esquivó un compromiso, sabiendo estar donde Dios lo puso como obispo, padre, amigo y pastor. 

Su plan pastoral ha sido su plan de vida. En su testimonio cristiano ha tenido como fundamento a Cristo resucitado, por eso siempre ha dicho: “Que para llegar al cielo hay que pasar mucho trabajo.”

Es hijo de Santiago, pero de corazón sureño, hombre de ciudad, lomas, campos y llanos. Aquel que un día escuchó: “Ve yo te envío,” motivado por el grito, la miseria espiritual y la carencia material de todo un pueblo. Por delante con frente erguida y pasos firmes, seguro hacia dónde va, y hacia donde dirige su gente. 

Hombre sencillo y humilde, que sabe adaptarse al momento, mayor por edad, pero de espíritu renovado, aquel que sabe llegar a todos, adultos, jóvenes y niños. Con su elocuente discurso de lenguaje sencillo y profundo. Leyó y entendió bien la doctrina cristiana, al decirnos: “No somos responsables de la cara que traemos, pero sí de la que ponemos.”

Nunca dijo mi casa, donde vivió, siempre la consideró casa de todos. Muy hospitalario y delicado en el trato, al momento de invitar a un almuerzo. Por eso en palabras del sabio y anciano Simeón: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.”

Un aguerrido fiel defensor de la vida y de la buena educación, promotor de la dignidad humana, que supo sacar a muchos de la dependencia e indiferencia espiritual. Ofreciendo a miles la oportunidad de formarse, al darse cuenta de que, el pan espiritual ha de ir acompañado del pan material.

Mons. José Grullón, escuela de sabiduría, que, en su trayectoria de 29 años de Obispo, ha cambiado la vida y el corazón de muchos hermanos. 


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